“Parábola de la rosa y el mirlo”

Érase una vez un hombre,
pero no muy hombre.
Tenía de hombre… lo justo
para ir tirando.
Se acercaba a las cosas pequeñas,
soñaba,
hasta lloraba, a veces.

En el jardín, una rosa,
lentamente se moría…
hasta que, al fin, el último pétalo
voló con una ráfaga de viento.

El hombre la tomó en sus manos
y acertó a mirarla dulcemente:
-la ternura es el lenguaje de las flores-
¿se entendía con ella?
El caso es que la rosa se moría
y sólo aquel hombre sabía por qué…

…Ha perdido la rosa
su perfume y su color,
su brillo y hasta su porte,
porque el mirlo que cantaba,
cada mañana a su vera,
intuyó la primavera
y emigró buscando el norte.

Y la rosa en el jardín
echa de menos su canto,
y al despuntar la mañana,
la descubro en mi ventana
humedecida de llanto.

Nadie la ha visto llorar,
nadie conoce su pena,
¿quién va a pararse a pensar
que puedan sufrir las flores,
que acaso puedan llorar
e incluso tener amores.

Qué reservada amargura,
qué secreto es este llanto
que todo el mundo interpreta
que es escarcha, si hace frío;
si hace calor, que rocío.

Yo te admiro, flor hermosa,
porque esa pena secreta,
de manera tan discreta
sólo la lleva una rosa.

Sólo el alma de un poeta
puede entender que una flor
que lánguida se deshoja,
si ayer fue bella y fue roja,
se marchite por amor.

Tal vez sea ley de vida
y nadie pueda escoger
el camino que transita:
el mirlo va siempre al norte…
y la rosa se marchita.

Aún con la rosa entre sus manos,
emocionado, sorprendido, dijo el hombre:

– ¿Cómo me cuentas esto a mí,
si soy hombre,
insensible e indiscreto,
acaso el ser menos digno
de confiarle un secreto?

– Yo te he mirado a los ojos,
conozco de tu alma inquieta:
tu no eres el hombre que pareces,
eres… poeta.

– Soy poeta, sí; de tu fragancia,
trovador de tu armonía:
tampoco tú eres la rosa que aparentas,
eres… poesía.

"Rimando Amores"

Rimando amores" recoge los poemas escritos entre 1990 y 1994. Muchos de ellos no nacieron con vocación de encerrarse en un poemario, brotaron libres, fruto de la vida... qué le voy a hacer si después resultó que rimaban. Aquí están algunos de ellos, como decía Bécquer, como el caballo de copas: