“Poemas escritos con la mano izquierda”

La producción poética nunca se detiene cuando escribir es la respuesta a una necesidad contra la que no sirve rebelarse. Surge a veces de forma anárquica, como la diáspora insurrecta que es la poesía, en palabras de Rafael Amor.

Es un libro de madurez y de sentimiento. Es un libro bien aferrado a la vida.

1
Tengo
un puñado de palabras sin usar
para escribirte un poema.
Son palabras no inventadas,
vírgenes, sin mácula,
sin sentido aparente
para aquellos que piensan que dialogan,
que aman, que copulan.
Poema absurdo, incomprensible
para quien no sabe que amar
acaso sea, tan sólo,
la forma más dulce de morirse.
 
2
Tu nombre pone nombre a todos mis deseos.
Tu nombre me hace libre,
me da vida,
me aventa los fantasmas del recuerdo.

Por eso digo tu nombre.

Lo grito, lo susurro, lo recito,
lo invento, lo proclamo, lo voceo,
lo rezo, lo invoco, lo compongo,
lo cito, lo repito, lo retengo.

He tatuado mi alma con tu nombre
porque eres parte de mí,
piel con piel, hombro con hombro.

Te nombro… porque te quiero
y vivo sólo porque te nombro.
 

35
De todas las mujeres que conozco
eres la más pandémica,
la más celeste.
Toda espíritu, sexo toda.
Señora y puta, puta y princesa.
Sólo es roja la sangre de tu sexo
entre el caudal inagotable
de tu sangre azul.

36
Veníamos de recorrer
idénticas palabras
y el destino nos unió
en un cruce de caminos.
Tú venías de ser llana.
Yo dubitaba incesante
entre lo esdrújulo y lo agudo.
Y seguimos recorriendo
idénticas palabras…
Y así, amor mío,
le pusimos nombre al mundo.

43
Te quiero más allá
de los ojos y del sexo,
más allá de las palabras,
más lejos, mucho más,
de lo bueno y de lo malo,
de la noche y la mañana
más allá del amor,
de la poesía…
Te amo
donde la razón no alcanza,
sin lógica ni medida,
porque sacas a flor de piel
mis pasiones más oscuras
y sabes arrancar de mis entrañas
hasta la más remota fibra
de ternura.

44
TODOS LOS NOMBRES
Un hermoso poema que resultó ser mentira.

¡Qué difícil es nombrarte!

Y no por no saber cómo
sino por mucho saber.
Reúnes en ti a todas las mujeres
y por eso cualquier nombre
podría designarte.
Podrías llamarte Aurora
porque mis días amanecen
con tu nombre.
Aunque tal vez, por eso mismo,
acaso llamarte Ocaso.
Fe, porque creo en ti
como ya no creo en nada.
¿Qué tal llamarte Remedios?
Porque nada como tú cura mis males.
Mar. Porque todo lo inundas y lo anegas
y te retiras a tiempo
y regresas con la próxima marea.
¿Y si fuera Sol tu nombre
porque iluminas el mundo?
Y por ello también Luna,
faro de luz en la oscuridad espesa.
Mejor llamarte Virtudes,
porque las contienes todas
para irte desnudando de una en una.
No eres Lola, Dolores siempre,
porque me dueles, amor.
¡Cómo me dueles!
Podrías llamarte Paz
porque eres el remanso a veces,
sólo a veces.
Blanca, Alba, Inmaculada,
por el color de tu piel.
Violeta, por tus ojeras
que te tornan virginal.
Rosa y Valle, Valle y Rosa,
Esos, sé que tú sabes por qué
aunque nadie más lo sepa.
Podrías llamarte Dulce,
porque eres dulce ante todo,
en tus formas y en tus gestos,
hasta en el más íntimo y discreto
–narcótico- de tus jugos.
Y Luz, y Flor, y Afrodita,
y Azucena, y Margarita…
¿O mejor llamarte Amor?
¡Llamarte Amor!
No lo sé, no estoy seguro,
porque de todos los nombres,
llamarte Amor, amor mío,
es llamarte por tu nombre.

47
APOSTILLAS A TODOS LOS NOMBRES

Apenas supe nombrarte
por un exceso de nombres,

pues todos te designaban
y en todos los idiomas,
y todas las mujeres
se concentraban en ti.

Pero pasó el tiempo

y el amor pasó,
y muchos de tus nombres
se fueron desprendiendo
igual que se desprenden
las hojas en otoño.

Y te quedaste desnuda
y huérfana de nombres,
desnuda,
mucho, mucho más desnuda
de lo que nunca te vi.


Y de la noche a la mañana
la mañana se hizo noche.
Y dejaste de ser Luz
y dejaste de ser Sol
y deshojaste la Flor
y te alejaste del Mar
y desechaste la Fe
y la Luna se ocultó.


Reconozco que nombrarte
me asusta y me da pereza.
Pero de todos tus nombres
amor, dulce amor mío,
te voy a llamar Tristeza.