“El cuenco mágico de los cuentos”

Anoche que me hizo falta
removí el fondo del cuenco
y me floreció una historia
para contarla en Trabenco.
Y no una historia cualquiera,
que he puesto todo mi empeño
en que sirviera lo mismo
a mayores y a pequeños.
Es la historia de una vida,
salpicada de llantos, de sonrisas;
es una historia muy larga;
la voy a contar sin prisa.
Es… como la vida misma,
tan concreta y verdadera.
Es una historia que empieza
con érase que se era.

Y era que se era un niño
que un día marchó a la escuela,
de la que tantos relatos
había oído a su abuela:

– Podrás conocer los nombres
de mil paises lejanos,
y de hombres que pudieron
tener el mundo en sus manos.
Y aprenderás a hacer cuentas,
los números, las figuras,
y una cosa prodigiosa
que llaman literatura.
Que te llevará a lugares…
en los confines del mundo,
desde las cimas más altas
a los mares más profundos.
Verás héroes cuya vida
corre un peligro constante,
y que se salvan, con tu ayuda,
siempre en el último instante.
Y te contarán relatos
de vaqueros y de apaches,
y aprenderás las palabras
que han de escribirse con hache.
Y podrás ver las estrellas,
los planetas y la luna,
hacer sumas infinitas
y no llevarte ninguna…

…Y aquel niño fue al colegio.
Tal vez estudio contigo…
y conoció un mundo nuevo,
y aprendió a tener amigos.
Y encontró al jugar con ellos,
de pronto un sueño escondido
en las páginas de un libro
que guardaban “Tres Bandidos” .
Tuvo después un maestro
que le habló del bien y el mal,
pero lo hacía jugando
con los cuentos de Roald Dhal.
Y conoció personajes
de estirpe próspera y noble,
de rico y alto linaje;
otros, ruines y pobres.
Le hablaron de la princesa
más bella del mundo entero,
y él la encontró en una niña
con quien salía al recreo,
y jugaban con la arena,
y construían castillos,
nunca más… nunca otros ojos
miraron con tanto brillo.

De un armario de su casa
se llevaba una toalla
con la que se hizo el turbante
de su traje de batalla.
Y cuando estaba más dura
y sangrienta la contienda,
su madre mandaba un alto
para darle la merienda.
Su abuela contaba un cuento,
y cogido de la mano
le llevaba hasta su cuarto
para acostarle temprano.

Y soñaba con Pinocho,
con ” Historias de Ratones”,
con Alicia y el Conejo
y la Reina de Corazones;
y con la bruja malvada
que venció Merlín el Mago,
y despertaba gritando:
¡0ye!… “¿De Quién es este Rabo?”

…Aquel niño ya es un hombre,
pero sigue por el barrio;
y aún se viene por el cole
cuando le deja su horario.
Y en un armario de casa
tiene un hueco reservado
donde guarda una toalla
que le convirtió en soldado.
Conserva allí seis canicas,
una peonza y el cuenco
donde almacena los cuentos
que oyó contar en Trabenco.

"Efemérides"

Sí, tenéis razón. "Efemérides" no es un libro. No puede serlo ni he pretendido que lo sea.

Es, simplemente, la recopilación de esos poemas que fueron compuestos a la sombre de alguna ocasión especial, pensando en alguna persona concreta. Son los poemas de un día, de un momento, pasado el cual nunca he vuelto a utilizarlos, pero quienes los inspiraron, siguen rimando con aquellas cosas a las que quiero. Por eso están aquí: