“A Lucía”

No hace mucho que tu piel
era un dulce reclamo de caricias,
y eran tus labios vírgenes,
vírgenes de besos…
y no era sólo eso.
Era un tiempo de sol,
de almendros florecidos,
de fáciles recuerdos
y de difíciles olvidos.
Era un tiempo de ofrendas,
de urgencias y premuras,
de poder descubrir cada mañana,
un nuevo despertar a la ternura.
Era un tiempo de tardes perfumadas,
de caricias teñidas de pudor,
de explorarse mutuamente,
de miedos y de dudas,
de furtivos deseos,
de mejillas subidas de color.
De miradas a los ojos,
intentando encender alguna estrella
que ardiera sólo un instante
sin dejar brasa, ni huella.
De tardes de paseo,
de cine en el invierno,
de corazones heridos salpicando
el blanco inmaculado de un cuaderno…

Y por fin hemos crecido…
como buscando cimiento,
tú apoyaste tus sueños en mi espalda,
yo fijé mi destino
bajo el último pliegue de tu falda,
y no te miento,
no sólo hallé el sosiego que buscaba,
y el cobijo…
he encontrado la paz,
me diste un hijo.
Un hijo…
por el cual levantarme cada día,
y aprender el camino de regreso
sin haber emprendido el de partida.
Y a la sombra de ese niño,
tal vez hemos trocado,
el ardor por el cariño,
mas no te apures,
que a fuerza de estar juntos,
en el duro combate con la vida,
te aseguro,
vamos ganando a los puntos.
Y si dentro de unos años
ves que el otoño se avecina,
pues a poner fantasía,
y con renovadas ganas,
inventar una primera vez
todos los días,
días de cielo azul
y atardeceres rojos,
de tender la frialdad de mis inviernos
al cálido rescoldo de tus ojos…
De vivir,
de aferrarse con rabia a cada instante,
y burlarle al destino un anticipo
de los años que nos queden por delante…

Porque hemos crecido, sí,
Pero a pesar de todo el tiempo transcurrido,
sigue siendo tu piel
aquel dulce reclamo de caricias,
y no sólo es eso,
es que tus labios siguen siendo
aquellos mismos labios
que eran vírgenes…
vírgenes de besos.

"Efemérides"

Sí, tenéis razón. "Efemérides" no es un libro. No puede serlo ni he pretendido que lo sea.

Es, simplemente, la recopilación de esos poemas que fueron compuestos a la sombre de alguna ocasión especial, pensando en alguna persona concreta. Son los poemas de un día, de un momento, pasado el cual nunca he vuelto a utilizarlos, pero quienes los inspiraron, siguen rimando con aquellas cosas a las que quiero. Por eso están aquí: