“Los Ojos del Abuelo”

He mirado a los ojos al abuelo
y me ha hablado con voz entrecortada.
Y una lágrima brilló por un instante,
que produjo un destello en su mirada.

Su memoria vagó por sus recuerdos,
por historias lejanas y remotas,
de su vida, su tierra, de sus gentes,
de su juventud perdida, de sus cosas.

Y mezclaba vivencias imposibles
y cuestiones triviales e importantes,
removió la cabeza tristemente…
-¡Hijo mío, ya nada es como antes!

Entonces repasó sus alegrías
y pasó revisión a sus derrotas,
remendó las cicatrices de su alma
apoyando el cansancio en la garrota.

Y el temblor de su mano, con mi mano,
parecía encontrar calma y consuelo.
Se durmió de repente y he sentido
un cariño infinito por mi abuelo.

"Ecos de dentro"

Con este nombre agrupé mis primeros poemas, aquellos de juventud, de los que el más elemental de los pudores, en condiciones normales, me llamaría a avergonzarme. Pero no es así. Los conservo como el ejercicio poético aquel que ha resultado imprescindible para procurar lo que hoy escribo, que es diferente, sí. Pero no sé si mejor. Los conservo, en fin, porque a día de hoy, tal vez, apenas alcanzan a ser "ecos", pero siguen siendo muy "de dentro". Siempre me he negado a tocar una sola coma... y sé que no la tocaré. Permanecen como fueron escritos. El eco siempre es fiel al sonido que lo originó: