“Era marzo”

(Al nacimiento de mi hijo)

Y llegó la primavera
y se adelantó ocho días.
Era marzo, nubes blancas,
era trece, oliendo a vida.

Eran sus manos pequeñas
como tempranas caricias,
con susurro de tules,
como suspiros de brisa.
Y sus ojos, un destello
que se escapaba al abrirlos,
¡Es igualito que el padre,
cuando su padre era niño!

Era marzo, primavera,
nubes blancas, blanco armiño.

Y su madre lo miraba
y a acercarse a acunarle
reflejaba su carita
en los ojos de su madre.
Y lo tomaba en sus brazos
y se quedaba tranquilo,
tan indefenso, temblando,
¡ya se ha quedado dormido!
¡No hagáis ruido! ¡pchss, más bajo!
¡que no se asuste mi niño!

Blanca vida, nubes blancas.
Sangre roja, rojo vino.

Ya soy padre, tengo un hijo,
claro cielo, blanca tarde;
miércoles trece de marzo,
desde este preciso instante
enfrento mejor la vida,
parezco menos cobarde.

"Ecos de dentro"

Con este nombre agrupé mis primeros poemas, aquellos de juventud, de los que el más elemental de los pudores, en condiciones normales, me llamaría a avergonzarme. Pero no es así. Los conservo como el ejercicio poético aquel que ha resultado imprescindible para procurar lo que hoy escribo, que es diferente, sí. Pero no sé si mejor. Los conservo, en fin, porque a día de hoy, tal vez, apenas alcanzan a ser "ecos", pero siguen siendo muy "de dentro". Siempre me he negado a tocar una sola coma... y sé que no la tocaré. Permanecen como fueron escritos. El eco siempre es fiel al sonido que lo originó: