“Amor Carmín”

Primero fueron los ojos,
yo no quise pensar nada,
pero había una ternura
distinta en esa mirada.

Más tarde fueron las manos…
unos dedos de papel
que inspeccionaban, curiosos,
cada pliegue de la piel.

Una piel que se erizaba
y mil poros que se abrían,
unos labios que besaban
y un beso que respondía.

Después, a través del sueño
de un futuro de cristal,
aprendisteis, poco a poco
a ver la vida en plural.

Era amor, que a fin de cuentas,
si lo analizas sereno,
ya sé que no es más que eso,
pero es amor, nada menos.

Y hay que vivirlo que, al cabo,
la vida se muestra huraña,
y el tiempo te va atrapando
como una tela de araña.

Echad a rodar la vida
y no os neguéis más placeres,
que amarse resulta hermoso
aunque seáis dos mujeres.

"Ecos de dentro"

Con este nombre agrupé mis primeros poemas, aquellos de juventud, de los que el más elemental de los pudores, en condiciones normales, me llamaría a avergonzarme. Pero no es así. Los conservo como el ejercicio poético aquel que ha resultado imprescindible para procurar lo que hoy escribo, que es diferente, sí. Pero no sé si mejor. Los conservo, en fin, porque a día de hoy, tal vez, apenas alcanzan a ser "ecos", pero siguen siendo muy "de dentro". Siempre me he negado a tocar una sola coma... y sé que no la tocaré. Permanecen como fueron escritos. El eco siempre es fiel al sonido que lo originó: