Literatura

La literatura no ha sido una afición en mi vida, ni siquiera una pasión… ha sido una forma de vivir. Escribo desde que tengo capacidad para recordar y no he dejado de hacerlo en ningún momento. ha sido mi filosofía, mi religión.

He escrito, a veces, con fruición verdadera, otras con sosiego. He procurado callar cuando no tenía nada que decir , y cuando he sentido la necesidad, la urgencia de decir algo… nada ha sido capaz de refrenarme.

No he publicado nada. La industria editorial no se dignó nunca a suplicar que les cediese mi obra y yo he seguido digno, empecinado en la actitud con la que escribí el primer poema . Nunca me motivó escribir una oda a la Batalla de Lepanto, ni al Rapto de las Sabinas; mi musa era más cercana… escribí siempre a unos ojos, a unos labios, a un cuerpo de mujer … pero no a unos cualesquiera.

Siempre fueron unos ojos que acertaron a mirarme, o que me permitieron mirarme en ellos. Unos labios que dijeron mi nombre.

Un cuerpo que, en mi peregrinaje absurdo, me prestó asilo jacobeo.

Por eso no estoy seguro de la autoría de mis versos, de la propiedad de los capítulos de mis novelas y relatos. Cada uno de ellos tienen, al menos, una copropietaria: la dueña de aquellos ojos que me miraron, de aquellos labios que pronunciaron mi nombre… de aquel cuerpo en el que reposé.

Si algún día me demandaran sus derechos, sabed que es con toda razón.

Al César, lo que es del César:

 

Este poema no es mío,
que me lo encontré en la calle.
Iba prendido en tu talle
cuando me volví a mirar.
Yo seguía unas caderas
de contoneo perverso
y, ya ves,
me encontré un verso…
¿quién lo iba a imaginar?
Después me encontré una estrofa
en el vuelo sublime de tu ropa,
en el húmedo borde de la copa
que acabo de apurar.
En la huella de tu paso sobre el barro,
en el humo volátil del cigarro
que acabo de fumar.

 

¿Habéis visto?… concededme, al menos, que reconocer… es de nobles.