La atención a la diversidad

2004. (Inédito).

La atención a la diversidad es una necesidad de nuestras aulas y de nuestro tiempo. No es una frase. En los últimos tiempos empieza a oírse el término con una insistencia machacona y aplicado a toda suerte de situaciones, y me pareció siempre peligroso que una palabra, un término, un concepto, empiece a manosearse hasta el punto de desvirtuar su significado preciso,… ejemplos tenemos muchos.

La situación de las aulas es compleja, es verdad, porque es compleja la sociedad en que vivimos y, afortunadamente, todavía ocurre que aquellas son fiel reflejo de esta otra, pues de lo contrario, la escuela, se habría desvinculado definitivamente de la sociedad y de la vida, y la pérdida de ese vínculo me perecería irreparable.

Los profesores-as tienen ante sí un reto importante, también es cierto, pero incluso este nuevo desafío contribuye a la infinita cantidad de variables que hacen de esta profesión una empresa activa, impredecible, absorbente, renovada y renovadora cada día, apasionante siempre.

Existe diversidad porque hay inmigrantes, pero no sólo a causa de los inmigrantes.

Hubo diversidad en las aulas unitarias de los ambientes rurales que escolarizaban a alumnos-as de todas las edades, la hubo en los años 70-80, en la época de la gran avalancha de familias trabajadoras a los alrededores de Madrid, cuando proliferaban colegios repletos de unidades de primeros y segundos de la antigua EGB y, en general, la ha habido siempre en la medida que entendamos que cada niño es diferente y necesita una atención acorde a sus necesidades.

En aquellos tiempos que añoran algunos maestros y maestras (creo sinceramente que, en el fondo, muy pocos), que echan de menos algunos profesores y profesoras de instituto (puede que algunos más), no es que no hubiera diversidad, es sencillamente, que no se atendió. Porque pretender un currículum para todos, ampararse en el paradigma obsoleto de la pedagogía por objetivos, exigir rendimientos uniformes y apartar del sistema a quienes no alcanzan a los requerimientos prefijados, es, sin duda, no atender a la diversidad.

Atender al inmigrante, no sólo en sus necesidades educativas, sino además, en las sociales, en las psicológicas, etc. cobra ahora un argumento basado en la cantidad, además del que gozó siempre, el basado en la razón.

Dar el tratamiento que se merece cada uno de los individuos de las diferentes comunidades minoritarias, de carácter étnico o de cualquier otro es, además de educativa, una cuestión de mera justicia social.

Proporcionar a la E. Especial y al alumnado del programa de Integración la dedicación y el aporte de medios humanos y materiales que requieren, no puede demorarse por más tiempo. Los centros de educación especial no son colegios de primaria ni escuelas infantiles. Ni les satisface su currículum, ni les sirven sus modelos de organización y de gestión. Se trata de centros específicos, que atienden a una población con unas necesidades precisas y concretas, que pasan por la multiestimulación perceptiva, la conquista de la máxima autonomía del individuo y el mayor desarrollo personal posible.

Generalizar y optimizar las medidas de compensación educativa disponibles en los centros es una necesidad imperiosa que clama por una atención precisa, cuyo cumplimiento se debe observar con minuciosidad.

El alumnado de procedencia española, en general, verdadera minoría étnica ya, en muchos de nuestros centros públicos, precisa y merece la misma atención personalizada y ajustada a sus necesidades que otro alumno cualquiera. Un alumno-a nacido en Vallecas o en Carabanchel debe gozar de la misma individualizada atención que quien proviene de los lugares más remotos del planeta.

Esto no es atender las mismas necesidades, sino atender, por igual, las distintas necesidades que cada uno presenta.

Los alumnos-as de secundaria fracasan y abandonan el instituto incapaces de hacer suyo un currículo al que no tienen acceso, se quejan de que no son tenidos en cuenta y perciben el instituto como un lugar hostil.

Los profesores, por su parte, se quejan de que los alumnos-as no se esfuerzan, carecen de interés por el estudio y los niveles de violencia y de falta de respeto alcanzan límites insoportables, todo ello, unido, hace que los niveles educativos bajen de modo alarmante.

Las asociaciones y organizaciones de padres y madres muestran su descontento ante un sistema que tampoco responde a sus expectativas y sus necesidades. (…)

Descargar artículo completo

Este texto corresponde solo a la introducción del artículo.
Para leerlo completo, descarga el PDF.