El loco de la vía

2004. (Rev. “Veleilo”. nº17. Piornal. Cáceres).

Una crónica social de antaño, de nuestros días, de todo tiempo y de todo lugar.

De un lado está él, el diferente, el que viste con piltrafas de colores y porta una máscara que le cubre el rostro; del otro todos los demás, los normales, los aceptables, los aceptados… los todos iguales para hoy, para ayer, para siempre. Y de repente, la pacífica masa social se levanta en armas, se levanta en nabos, y arremete contra el infractor porque es una amenaza social, la personificación del mal, el que puede desequilibrar el orden establecido.

Es la nota discordante frente al pensamiento único, lo socialmente admitido, lo políticamente correcto… y sin mediar más palabra que el presunto juicio del pueblo, lo ajustician, lo lapidan, lo masacran como a una lacra que hay que aplastar.

Si la fiesta tuviera su origen en nuestros días Jarramplas sería una prostituta, un terrorista, un ocupa. Como su origen se pierde en la memoria de los tiempos, es simplemente Jarramplas, la personificación del mal. El personaje al que se distingue con ropajes absurdos, al que se señala con el dedo para hacerle blanco de todas las iras, de todos los nabos. (…)

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