Adiós, Logse, adiós

2002. (Inédito).

La L.O.G.S.E., -en general, la Reforma del Sistema Educativo español,- surgió con ánimo de modernizar la escuela y adaptarla a las nuevas necesidades que se iban presentando, pero era mucho lo que había que modernizar y pocos los ánimos de modernismo, por lo que cumplido el decenio de su puesta en práctica seguimos en el medievo… y retrocediendo.

Y hoy, a las vísperas de la entrada en vigor de la nueva ley que habrá de sucederla, creo que no ha llegado a ponerse nunca en práctica.

  • Los diferentes gobiernos que se han sucedido desde su implantación, independientemente de la orientación política de cada uno, parecen no haber tenido nunca una verdadera voluntad de reformar hacia adelante, aun cuando el texto original lo permitiera.
  • La mayor parte de los profesores, especialmente en E. Secundaria, nunca hizo suya esta ley y, siendo ellos, como era el caso, quienes habían de llevarla a la práctica, pocas posibilidades restaban para una implantación razonablemente progresiva.
  • Los padres no llegaron a entender nunca en qué consistía verdaderamente la Reforma, a causa de una información ineficaz y insuficiente, no por falta de entendimiento.
  • Los alumnos-as la sufrieron desde el principio -no la ley, sino la aplicación que de ella se hizo-, sintiendo que no respondía a sus necesidades ni a sus intereses por lo que se han ido desentendiendo progresivamente de una escuela que no está hecha para ellos-as.

Puede que los conserjes hayan sido los que menos han entorpecido el feliz funcionamiento de los centros… pero la mayoría, también, pues los adolescentes de 14-16 no han hecho más que traer conflictos a los centros -unos centros, tradicionalmente más tranquilos-, con lo que, definitivamente esta Reforma no ha sido más que un cúmulo de despropósitos que no ha hecho más que turbar la paz de las aulas.

Tal vez se trate de una ley que naciera condenada al fracaso.

Ni siquiera la ironía es capaz de encubrir la realidad. El Sistema Educativo debe responder a las necesidades de la población, sea cual fuere la composición de la misma. Y ante una sociedad que cambia a velocidad vertiginosa, adoptamos un modelo de escuela que involuciona hasta recuperar fórmulas obsoletas, como si el sistema tuviera que defenderse ante el cambio en lugar de adaptarse a él y ofrecer una respuesta.

Los profesores de E.S.O., acostumbrados, en su mayoría a la antigua E. Secundaria, no han sabido aceptar la nueva composición de las aulas, la ausencia de filtros de selección de alumnos-as, la disparidad de niveles, la necesidad de atender situaciones conflictivas y diversas… en definitiva, no han sabido adaptarse a la función formadora que se exige de ellos, frente a la labor instructora que venían realizando…

A su vez, los maestros y maestras procedentes de la E. Primaria que iban a humanizar las enseñanzas medias, lejos de conseguirlo, han sido rápidamente absorbidos y han incorporado el funcionamiento de los institutos con lo que han dejado de ser maestros para hacerse profesores, todo ello en detrimento de la cercanía de antaño. (…)

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